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Etica

Prólogo de los poemas de Mario Villegas

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¿Quien es Mario Villegas?

Prologo

Recientemente le preguntaron a Elena Poniatowska, en la ceremonia en la  que recibió la Medalla Gabriela Mistral que le concedió el gobierno de Chile a fin de conmemorar el otorgamiento del primer Premio Nobel de Literatura en  América Latina: “- ¿Cuál es la utilidad de la poesía?  - Te da una vida interior, te enriquece, te sostiene en los momentos de angustia. A veces, cuando ando volando bajo, leo poesía y me levanta muchísimo. Además, la poesía es una de las manifestaciones más altas de espíritu.” (Angélica Abelleyra, La Jornada, 31V97) Pero considero que uno más de los posibles valores de la poesía es haberla vivido. De alguna forma la poesía es hija de un estado de la conciencia, de un alto grado de percepción del mundo, concretada en palabras acomodadas de tal modo que quieren agradar, quieren ser bellas. Es cierto, también puede ser calificada de hija de la ociosidad. Habla, por ejemplo, de los seres en el mundo, de los seres  que aman y que por ello quieren gritar su amor a todos, sacarlo de sí  porque es pleno de gozo. También puede expresar los momentos de dolor, de desamor, pudiendo constituirse entonces en un tratamiento de las psiconeurosis por la confesión, en una catarsis. Pero podemos pensar que el desamor y el dolor que de ahí se derivan son parte de un todo que es el amor. Por creer esto podemos descubrirnos románticos, no importa que nuestra inclinación a la poesía sea por aquella a la que llámasele lírica o de cualquier otra forma. A fin de cuentas no se trata más que de la expresión de sentimientos y estados de ánimo, estados del alma, pero ¿qué no es esto lo que define al arte? Sin decir que estamos ante la más bella de las Bellas Artes sí lo es de gran altura. Podemos suponer que es uno de los  pagos que recibimos por tantas horas dedicadas al trabajo físico. Es decir, esta labor, la de escribir, no es una actividad gratuita. Afirmamos que nace después de la fatiga de obtener lo necesario para la vida. Se ha querido con ella complementar la vida, describir los sentimientos más profundos. Vanidad,  engreimiento, egoísmo,... quizás, pero estas palabras que descalifican no surten efecto,  aun si es atroz su presencia,  en el  ánimo en el que hay la paz que las atenúa. Sobre todo no surten efecto  cuando sabemos que la poesía es leída por sus destinatarios originales, y entre estos destacan las almas sensibles. Quienes quieren el contacto con algo de lo mejor que ha producido la especie.

            Hoy sabemos que se lee poca poesía. Entendemos que ya no es una experiencia muy usada, ahora son pocos quienes escriben  poesía para expresar sus sentimientos, al igual que son pocos quienes leen poesía buscando quien dé expresión a los suyos. En nuestros días es otro el estado de nuestro espíritu. Entonces ¿qué paso? La lúcida embriaguez de la poesía ha implicado, en muchos casos, un estado de fervientes enamorados. Si esto es así entonces hay aquí otra razón para escribir y leer poesía, es digna al menos por recordarnos ese estado. Pero hace falta echar a un lado la seguridad de lo adquirido, y más aun hacer a un lado la seguridad de lo que se pudo haber adquirido, nuestras frustraciones, para entonces regresar al recuerdo de ese espíritu que animó la expresión de las palabras. Porque creemos que todos hemos pasado por esta etapa, o pasaremos, conviene remitirse a este hecho: hay poesía. Ella hace algo con nosotros, insistamos, nos hace sensibles, perceptivos, amorosos, o simplemente nos desahoga. Con ella se vive en un tiempo que se quiere sin medida, que se quiere no se acabe, o no se piensa que vaya a terminar. Es esto lo que es benigno en ella, es una experiencia vivida en un tiempo total.  Con ella nos protegemos de la sustancia perecedera de la que también estamos formados: el pasado y después la muerte. Entonces es sólo presente.  “Nuestro quehacer,  nos dice la poesía, es hacerte presente.” Y yo le creo porque de ello deriva felicidad. Sí, creámoslo, se pueden vivir momentos de felicidad escribiendo o leyendo poesía. Al escribirla, al leerla y releerla recuperamos  algo de ella. Cierto que hay la nuestra y la que podemos llamar POESÍA MAYOR, así por ejemplo  la de Pablo Neruda, Sor Juana, Carlos Pellicer, Octavio Paz,  o cualquier otros u otras poetas de la preferencia de cada quien. En fin,  la poesía como un género literario es arte, y el alejarnos de ella nos lleva a un descontento con la vida que todavía es nuestra y que debemos conquistar. El estar contentos todavía es nuestro derecho, de los otros, de todos. Y el contacto con la  poesía pude ser un ejercicio de este derecho. 

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